martes, 2 de abril de 2019

A Doña Luisa, las primeras manos que toco mi cuerpo.


A Doña Luisa, las primeras manos que toco mi cuerpo.
Mis padres me contaron cómo sucedió todo.
Mi padre se encontraba haciendo el servicio militar en jerez,le dieron 10 días de permiso para que pudiera estar presente en mi parto.
Ocurrió un viernes 13 de Junio de 1958 a las 11 de la noche,estuvieron presente mi padre, mis abuelas Rosario y mi abuela Concepción. Mi madre le dijo a mi abuela Rosario que avisara  a la matrona Doña Luisa que el niño estava que quería salir.Doña Luisa nada mas llegar mandó a calentar agua para el baño,después ocurrió todo.La casa de mis padres era una modesta casa alquilada a un señor que le llamaban "Florea" en la calle Cristóbal Colón junto a la carretera Nacional,( actualmente es el restaurante Bar Pasaje limones),era una especie de soberao donde guardaba carbón, mi madre me contaba que estando embarazada de mi hermana conchita  habitaron la casa, tuvo que limpiar toda las paredes y pintarlas, la casa solo tenía una habitación con una cama, y en el salón una mesa con cuatro sillas,mi padre le construyó una especie de cocina de carbón con unos latones donde mi madre cocinaba. Hera una vivienda de dos casas,la entrada principal daba a un patio donde vivía Manuel el Tonelero y su señora Aguedita con sus hijos,en esta casa nacimos cuatro de mis hermanos,mi hermana conchita en el 56. yo en 1958, y luego con intervalos de dos años mis hermanas Chari y Anita. En 1962 entregaron las casa de Santiago Mártir," Casas Baratas "(frente a la Venta Pazo),allí nacieron todos mis hermanos siguientes,primero Reyes,Roció,José Manuel,Mariano,Inmaculada.

Doña Luisa, aquellas manos que Dios bendijo con su luz,y con su infinita misericordia para que durante cuatro generaciones ayudará a las parturientas. Yo la recuerdo porque siendo mayorcito me permitieron ver uno de los partos de mis hermanos.Doña Luisa en aquellos años era una persona mayor, bajita, más bien regordeta,una persona de carácter que conocía muy bien su oficio,en muchas ocasiones solía ir a mi casa durante varias semanas para interesarse por el estado de mi madre, ya que a mi madre los partos la debilitaba mucho,después escuche muchas cosas de Doña Luisa,ella era titular por la universidad de médicos de Sevilla, a Sanlúcar llegó finales de los años 40, su jubilación llegaría a finales de los años 70 donde ya la mayoría de la población tenían su seguro y acudían al hospital de Sevilla,en los años sucesivos tuvimos una matrona y un matrono,pero que no tuvieron que asistir ningún parto,en su mayoría se trataban para ver su estado y para hacerles el agujero en la oreja a las niñas.Desde los años 30 a los 50 tuvimos como Partera o Matrona, a Doña Setefilla, de los 50 a los 70 a doña Luisa,desde los 70 hasta los 90 a doña María del Carmen Cano Villegas y a Juan el matrono,estas personas merecen ser nombradas al igual que otros médicos que ejercieron en nuestro pueblo, por que gracias a ellos y ellas nuestra salud fue mejorada.
En este tiempo en la que investigó la Sanlúcar en el siglo XX,es preciso recuperar la memoria que aún queda en el recuerdo y que de forma oral voy escribiendo para que algún día puedan ser leídas por las próxima generaciones y recuerden nuestra vida anterior,pues no hay mayor tesoro que nuestra memoria, sin ella nunca hubiéramos existido.
Matronas a lo largo de la Historia
Un relato de una Partera que también pudo ocurrir en cualquier otro lugar.
Las parteras no cobran por atender a una mujer embarazada, puesto que para ellas es un servicio de humanismo.
En las comunidades pobres, donde hay pocos servicios médicos, muchas veces las parteras son las únicas trabajadoras de salud.







Era una madrugada lluviosa y la puerta de la vivienda de doña Alba Luz Barrios sonó a la misma vez que alguien la llamaba al portillo diciendo “Doña Alba vaya a ver a mi mujer que ya va a parir”. La anciana, de más de 60 años, se levantó y emprendió el viaje hacia la comunidad “El Tanque” en Dolores, Carazo, a más de dos kilómetros de donde queda su vivienda.Al paso de aquel camino rural destruido por las fuertes lluvias, esta doñita llegó al lecho de aquella mujer que tanto la necesitaba, estaba recostada en una tijera, sus ojos indicaban que todas sus esperanzas estaban puestas en ella, antes de todo comenzó a orar para que fuera Dios quien la iluminara en aquel quehacer tan delicado, pidió que se acomodara en el junco del catre y alistaran agua y sábanas limpias para empezar a partearla.En los alrededores de este remoto lugar, era una costumbre de antaño que las mujeres fueran atendidas por una partera.Barrios tiene 40 años de ser partera y también de llevar el control del embarazo de las mujeres, les da té, las soba y las orienta. Ni ella misma sabe cuántos partos ha asistido. “Mínimo unos 400 chigüines he visto salir del vientre de su madre”, cuenta.Además de eso, soba a los niños y niñas de las comunidades, cuando sufren alguna caída o torceduras. A ello se suma la atención a niños que tienen “calor de vista” o a los que se les hunde la mollera (fontanela).Relata que aprendió el oficio cuando una de sus hijas se complicó después de haberla parido. La niña se enfermó y le recomendaron ir a Santa Teresa, Carazo, donde una señora que ayudaba en estos casos, pero la niña ya estaba pasada y falleció, desde ese entonces se interesó en aprender esta labor que ahora le ha permitido ayudar a muchas mujeres.Durante miles de años, desde mucho antes de que existieran doctores u hospitales, las parteras han ayudado a las mujeres y a sus bebés a mantenerse sanos.Su cabellera de nieve y sus arrugas lucen como un testigo fiel de los años que el creador le ha dejado vivir, se trata de doña Luisa Teodora Jarquín Calero, originaria de la Concepción, Masaya.Como en una burbuja de recuerdos esta doñita se traslada a 1969, fecha en que comenzó a partear.Más que un oficio el ser partera lo aprendió por una necesidad. “Vivía en una finca alejada de la ciudad de Chinandega donde para las mujeres era difícil acceder a los servicios de salud, yo estaba embarazada y tuve que dar a luz solita a mi hijo, desde ese entonces sola me partié en los catorce embarazos siguientes” narra.“Yo nunca fui a un hospital a parir, pero si yo reviso a una mujer y esta trae un parto complicado de inmediato la envío a un centro de salud u hospital, además de que tengo que reportar a toda mujer que asisto”, explica Jarquín Calero.Quizás el mayor desafío para las parteras es combatir las enfermedades y la muerte de las mujeres y sus bebés.“Ser partera es un don de Dios, esto no se aprende en una escuela, sino por la pura experiencia de la vida”, refiere Jarquín.“En este oficio no hay dinero de por medio, la única recompensa que se obtiene es ayudar a las personas y traer a los niños sanos y salvos al mundo, es un don que el señor me regaló”, finaliza Barrios
En 1948, las matronas son imprescindibles en multitud
de servicios asistenciales y de beneficencia municipal;
se crea la plantilla de Matronas Auxiliares de Higiene
Infantil y son muchos los cursos que se realizan en todo
el país en las escuelas de Puericultura para la obtención
del diploma de matrona puericultora. El 25 de junio de
1951 se aprueban los estatutos y reglamentos del
Consejo General de Matronas y de los Colegios Oficiales
de Matronas. En febrero de 1955 se crea el Escalafón de
Matronas Titulares. Finalmente y de forma inesperada, un
Decreto del Ministerio de Educación Nacional de viernes
4 de diciembre de 1953 unificará las carreras de
matronas, practicantes y enfermeras en la nueva
titulación de Ayudantes Técnicos Sanitarios (ATS).


“Desde aquí hago una petición a quien corresponda para que sea rotulada una de nuestras calles con su nombre, calle Luisa ‘la Matrona'”.

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